“Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Oh Jehová, roca mía y redentor mío.”

Salmos 19:14

¡Dios de los cielos y la tierra, cuan hermoso es saber que toda la creación muestra tus maravillosas obras! No hay palabras que puedan decirte cuanto agradecimiento hay en nuestro interior. Eres mi refugio y en tu habitación quiero estar para escuchar los latidos de tu corazón. Quiero que mis palabras expresen los deseos de tu corazón porque eres tú transformando todo mi ser. Eres el alfarero que cuando ve una imperfección en la vasija de barro la vuelve a romper y comienza de nuevo. Es el agua que la vuelve a moldear para que se convierta en esa vasija útil en sus manos. Así quiero que hagas conmigo; sin importar cuantas veces tengas que volver a comenzar porque deseo ser una vasija que honre al que me creó y me formó.

Oración

Padre, hoy te susurro al oído y te pido que sea tu Santo Espíritu que llene cada vacío, que sane cada herida, que provoque en mi un nuevo despertar para que mis palabras hablen de un Dios bueno, de un Dios que cambia diariamente mi lamento en baile. De un Dios que transforma el corazón de piedra en un corazón de carne y un alma seca en ríos de agua viva, en el nombre de Jesús.