“Por amor de tu nombre, oh Jehová, perdonarás también mi pecado, que es grande.”

Salmos 25:11-15

Que maravilloso es conocer al único que perdona todo pecado cuando nos acercamos a él con un corazón humilde y manso lleno de arrepentimiento. El relato de una mujer que llegó a derramar todo su ser ante el Señor llena en estos momentos mi espíritu y puedo unirme a esa imagen de lo que pasó ese día. Con esa misma actitud de aquella mujer que entró a la casa de los religiosos que no querían mancharse con una pecadora, entro hoy a tu Presencia dándote gracias porque ahí estuve yo. Ahí te entregué con lágrimas todo mi pasado para que tú me perdonaras. Ese día que rendí todo mi ser a ti, no traía perfume en mis manos, pero sí sé que el aroma de una pecadora arrepentida llegó a tu trono para decirte que mi vida era tuya, tanto mi presente como mi futuro. Has sido tú el que ha transformado mi ser para que hoy yo sea una vasija de honra en tus manos.

Oración

Padre, vuelvo a recordar que el pecado no se enseñorea de mí porque he sido lavada, redimida, amada y adoptada en la familia de Cristo. Lleno tu Trono con adoración derramando mi voluntad para que seas tú quien sigas guiando mis pasos por sendas de justicia por amor de tu nombre. Que mi corazón lata al ritmo del tuyo es mi mayor deseo y que se cumplan cada uno de tus deseos en mi vida, en el nombre de Jesús.