“Porque una mujer, cuya hija tenía un espíritu inmundo, luego que oyó de él, vino y se postró a sus pies.”

Marcos 7:25

Ella se postró a sus pies en rendimiento para clamar por la vida de su hija. ¿Cuántas veces tanto tú como yo hemos estado en esa situación? Ella no tuvo reparo en acercarse, aún sabiendo que no era parte del pueblo de Dios. Ella seguramente había vivido en una cultura de idolatría, religiones que no honraban al único Dios que hizo los cielos y la tierra, pues era mezcla entre griega y cananea. Quizás había buscado ayuda en sus medios, pero su hija seguía poseída por un demonio. Escuchó que había alguien que podía ayudarla y lo buscó. No fue con ideas preconcebidas, sino con un corazón humilde ante su Presencia. Ella recibió el milagro porque creyó que el Señor no se negaría a su fe en él.

Oración

Padre, como esta mujer se postró ante tus pies, así me postro hoy para decirte que ese mundo de idolatría, religiosidad, hechicería que me ha parado de buscar al único Señor y Salvador de toda la humanidad se quedó atrás. Este es el día que hizo el Señor para que todo yugo que ha estorbado rendir mi vida a ti se pudre. Vengo ante ti listo y dispuesto a escuchar tu voz y recibir tu dirección para que no solo mi vida sea transformada, sino también la de mi generación y descendencia, en el nombre de Jesús.