“Jehová es mi fortaleza y mi cántico, y ha sido mi salvación. Este es mi Dios, y lo alabaré; Dios de mi padre, y lo enalteceré.”

Éxodo 15:2

En medio de la madrugada despierto y estoy adorando tu Nombre en mi espíritu. Estos momentos son especiales porque comprendo que mi espíritu reposa, pero no duerme, pues no necesita el descanso corporal. Es tu Espíritu de Gracia unido al mío, que se une para adorar al único merecedor de ser exaltado, a Jesucristo mi Señor y Salvador. Así como David le hablaba a su alma y le ordenaba que recordara sus beneficios yo también recuerdo que es el Señor quien perdonó todas mis iniquidades y sanó todas mis dolencias, que no hizo conmigo conforme a mis pecados sino que se compadeció de mí y extendió sus misericordias desde la eternidad hasta la eternidad. Tú extiendes esas misericordias para que, en medio de cualquier circunstancia, mi boca siga alabando al Rey de Reyes y Señor de Señores.

Oración

Padre, doy gracias por la obra que has hecho en mi vida, comenzando con la salvación. Sé que la obra que comenzaste la completas y rindo mi vida a ti para que sigas transformándome a través de la renovación de mi mente. Tu presencia es mi deleite y hoy rendida ante tus pies declaro que nada podrá separarme de ti, ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni demonios, ni mis temores de hoy o mis preocupaciones de mañana. Ni los poderes del mismo infierno, ni alturas o profundidades porque tú eres nuestro Dios y toda alabanza y exaltación es para ti, en el poderoso nombre de Jesús.